Cierto, me encontraba perdido. Después de veinte minutos de lucha, no había ganado cien metros. Además, el vuelo eran tan difícil, a diez kilómetros de los acantilados, que yo me preguntaba cómo resistiría a los remolinos si alguna vez me acercaba. Marchaba sobre baterías que tiraban sobre mí. Pero, ¿cómo habría conocido el miedo? Estaba vacío, absolutamente, de todo pensamiento que no fuese la imagen de un acto simple. Enderezar. Enderezar. Enderezar. Enderezar.
( Saint Euxepery - El Piloto y la tormenta )
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